Nuestra Forma de Vida

La forma de vida de nuestra Orden Capuchina está basada en tres carismas: La Fraternidad, la Minoridad y la Oración Contemplativa. A partir de la caridad fraterna y la ayuda mutua con nuestros hermanos de nuestra Orden; buscando ser menores a imitación de Cristo, que vino a servir; y contemplando el Amor, hecho patente especialmente en el Nacimiento y en la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, vivimos nuestra consagración religiosa, según nuestra Regla, escrita por nuestro seráfico Padre San Francisco:
La regla y vida de los hermanos menores es ésta: guardar el santo evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad

2Reg 1.
Nosotros, como hijos de san Francisco, evangelizamos el mundo especialmente con el buen ejemplo, dando testimonio del amor que Dios nos tiene a través de nuestra consagración religiosa.

A partir de ello, nuestra Provincia sirve a la Iglesia a través de trece parroquias, de las cuales siete son misioneras; llevando la Buena Noticia, especialmente a los más pobres y necesitados.

Este espíritu hacia los pobres, lo llevamos también en nuestras obras sociales como en la Ciudad de los Niños, donde 220 niños y jóvenes con bajos recursos, reciben una formación integral para poder hacer frente a los retos profesionales y espirituales propias de este mundo. Igualmente, damos asistencia a muchos necesitados en la Clínica San Francisco, en Chorrillos. Así mismo, impartimos un especial servicio espiritual en el Centro de Espiritualidad Franciscana, ubicada en Ñaña, al este de Lima.

Una parte importante es la educación. A través de nuestros tres colegios, acompañamos a niños y jóvenes en su etapa escolar, trasmitiéndoles una educación de calidad y sobre todo inculcándolos los valores cristianos, para ser los ciudadanos del mañana que el país necesita.

El trabajo es exigente y no es posible sin una profunda vida fraterna, de minoridad y de oración contemplativa que nos llama a salir de nosotros mismos en busca del hermano necesitado, reflejo de nuestro Salvador.